miércoles, 18 de noviembre de 2009

Amigos De La Sádica faena

Es un pequeño homenaje a todos los toreros y toros.
agradezco en especial a mi Dios que me regalo el don de escribir,
a mi mama, a mi padre, mi hermana, a mi familia
también les agradezco de corazón a mis amigos, amigas que siempre estuvieron pendientes de mi cuento y aprecian mi escritura.













12 de abril de 1988, mientras en la terraza del hotel mitad del mundo, un cigarro consumía la noche; mi mente volaba por la nostalgia del recuerdo dirigiendo la mirada llena de tristeza hacia el este, recordando aquella noche cuando apareció un pequeño amigo perdido. Tanto me acuerdo de aquel día eran apenas las 5:30, yo estaba dentro del bosque jugando, con un poco de miedo por aquellos cuentos de fantasma o monstruos que me podían asaltar; el miedo me hizo pensar en estrategias, pero simplemente la estrategia que tenía era correr. Cuando escuché pequeños gruñidos en medio del bosque, las piernas me bailaban y los dientes saltaban y el miedo bañaba mi cuerpo; de pronto de los matorrales aparece un pequeño animal perdido, me abordó con tanta alegría, asumo que, pensó que era su madre que susto: jugamos toda la tarde y la noche, y lo invite a ser mi gran amigo y mi confidente. El tenia apenas 8 meses; mi gran amigo se llamaba Ares por ser tierno y salvaje, pero estuvo conmigo 3 años, y cuando jugábamos y toreábamos él me enseño mucho, yo le enseñe todo. Le repetía siempre con gran ahínco: tu rabia es la vida y tu ternura la muerte. En esos tiempos la inocencia era la que me dirigía, la fama era solo un sueño, y la obligación de matar no era mas que un ideal; ay aquellos tiempos llenos de alegría y llenos de mí, pero confieso apenado no se si ya lo mate o sigue vivo, pero lo que entiendo es que el cigarro se termina y la noche con el. Me toca descansar para poder tener una faena más y una vida menos, pero así es la vida, recordando aquella frase que mi padre me repetía siempre “la muerte no es más que la fiel amiga, de todos los humanos y animales que buscan la gloria”. Me quede dormido esperando la mañana.




13 de abril 1988; estaba por iniciar la fiesta taurina, globos en los aires e insultos en las calles, mientras nosotros procedíamos a marchar por la arena a la cabeza. Yo, Leonardo, que desde 1986 fui conocido como el león por aquella faena taurina, cuando hice los tres tercios, una media verónica, seguida de un pase de pecho,
y terminando con un volapié, las cuales fueron suficiente para terminar una faena exitosa.



Después del desfile por la arena se dio inicio a las fiestas taurinas, con las dos primeras faenas de la mañana, la primera fue de maravilla, salió victorioso el novato Fernando y mientras se preparaba para su segunda faena lo conocí dentro del túnel; tuvimos una platica corta en la que me confesó todos sus sueños de matador que de niño tuvo y se le están haciendo realidad; él con tanta alegría me hizo recordar mi primera vez en las arenas taurinas y el porque me hice matador; fue primero por el coraje, la angustia, y el deseo de encontrarme con mi gran amigo en el algún momento en la arena; pero fue cuando mate al primer toro, no lo quise hacer, pero era mi vida o mi muerte, recuerdo tanto que estaba acorralado y confieso también un poco asustado, era mi primera vez en las arenas taurinas pero no tuve mas opción y, fue desde ese momento cuando comenzó el gusto y la alegría de matar, recibiendo mi primera oreja y rabo.



Fernando salio a su segunda faena taurina, deseándole suerte, sabiendo que las misma es una moneda dando vuelta en el aire y que puede caer de del lado de vida o de la muerte; pero esta mañana fueron sus primeras y ultimas faenas; muere un valiente mas murmuraba público en la palaza de Tánger quedándose en silencio todos y afuera era un festejo total porque el toro Salía vencedor, y al mismo tiempo que se abrazaban y cantaban se repetían entre ellos la hazaña del toro diciendo: mure un cobarde mas. Así comenzaba las fiestas taurinas.



Francisco salio a la arena, recordando sus mejores faenas se despedida; pero el después de la muerte de Fernando, se asusto siendo el un experimentado ¿Cómo pudo asustarse? Pero el comprendía que la muerte no era algo que le podía llegar a un principiante, si no que también a un experimentado, después de aquel susto salio a la arena, dando un espectáculo de faenas fantásticas alabadas por la multitud que se encontraba en la plaza de Tánger, pero rechazadas por la muchedumbre de los exteriores pero así se despedía el de las arenas taurinas.



Con un buen tercio de quiste doy inicio a las últimas faenas taurinas, con la verónica que fue la primera en recibir al toro y le daba la bienvenida, al que seguido una media verónica, una chicuelina, cerrando el primer tercio con una porta gayola, y un simple faroles. Se da inicio a los siguientes tercios donde lo pinchaban al fuerte y valiente toro, yo me encontraba en el túnel observando como el toro se defendía con bravura y rabia, dando signos de valentía, de cómo debemos enfrentar la vida; pero mientras lo pinchaban y lo herían, yo simplemente recordé aquel día cuando mi papa veía en Ares el dinero, lo vendió por unos cuantos sucres, lo único que pude entender de aquel día que en mi se creo una gran amargura, pase buscándolo de rancho en rancho, recordando de cómo el luchaba y corría, como si entendiera que el iba a morir algún día en una cruel faena, una sola persona no lo puedo detener y es en ese momento cuando se dieron cuenta lo que se estaban llevando era dinero puro para ellos, pero tuvieron que llamar a 3 mas porque la batalla que le dio Ares era la que querían en una faena taurina. Mientras yo en una esquina asustado por su bienestar y de que no le pase nada a mi gran amigo, yo le gritaba con un gran nudo en la garganta y lagrimas en los ojos: vamos muchacho la batalla comienza hoy y no terminara; mientras continuaba llorando de coraje, de improviso lance un par de insultos cuando vi que lo agarraron y no lo volvería a ver jamás, pero antes de que se lo lleven le grite: tu rabia es la vida y tu ternura es la muerte.



Bueno me llamaron a poner un par de banderillas antes de que comience la danza taurina, y darle al publico lo que quiere, sangre inocente de un toro rabioso que lucha por su vida así como yo lucho por la mía, pero eso no lo pueden entender aquellos que me gritan desde afuera y me escupen insultos, que lo único que buscan es herir la moral del torero y festejar su muerte, no es acaso también sadismo festejar la muerte de un torero, pero bueno ellos se llaman defensores de los animales, y sádico aquel que festeja la muerte de un toro, yo lo que hago es luchar y defender mi vida, así como el toro lo hace con la suya; cuando procedía a salir a ser el ultimo y tercer tercio y estaba pisando la arena, simplemente borre de mi mente aquellos insultos sin importancia, y recuerdos que podían distraerme, hice la parodia de un artista regalando una sonrisa hipócrita al publico que me esperaba sin importarle que sentía en ese momento. Una ves adentro comenzó el espectáculo el folclor taurino, con la multitud que gritaba mi nombre como su héroe mientras pedían sangre y arte, yo tenia que brindarles el espectáculo que deseaban; pero bueno comenzó con un pase de pecho, dando el espectáculo deseado y monstruoso, mostré mis dotes de buen bailarín poniéndolo a bailar a mi ritmo al toro lleno de bravura que me dio una gran lucha, cuando me disponía a ejecutar con un simple y sencillo volapié. Mientras el alguacilillo anuncian en la arena mi vergüenza, que da pie a una serie de insultos, escupos, abucheos ¿que anuncio provocaba esa reacción en el publico de la plaza?; no era mas que unas simples palabras, “el indulto del toro”. Simplemente me lleno de coraje tal anuncio que me olvide de todo, y cogiendo mi espada me lancé hacia el toro sin técnica alguna mas que el deseo de recuperar me orgullo de buen matador, y cuando vi a tan grande animal venirse hacia mi, quede paralizado y no tuve reacción alguna mas que defenderme, mi espada se introdujo 5cm en su lomo y salio volando por lo alto al igual que mi cuerpo, caí tendido en la arena con heridas graves pero antes de que me mate el toro, salieron a distraerlo los Monosabios. Mientras salía con aplausos en una ambulancia de la plaza de Tánger por mi valentía y coraje, a fuera me recibían con los mismos aplausos, claro estos no eran para mi, aquellos aplausos eran para el toro que no moría. El homenaje que la muchedumbre de afuera me tenía preparado, no era más que un concierto común de estas fiestas taurinas, simplemente canciones llenas de groseros insultos y palabras envueltas con estupidos deseos. En el momento que me encontraba en la ambulancia recibiendo los primeros auxilios correspondientes y trataban de salvar mi vida, el bravo y valiente toro tenia que ser sacrificado, dándole lo que la gente pedía, que no era mas que muerte, sangre, y arte.



Simplemente ellos tenían que terminar lo que yo con mi orgullo absurdo había comenzado, pero era Francisco el que le tocaba hacer la ejecución final del toro y después de intentarlo dos hasta tres veces le toco hacer un cruel descabello para poder matarlo, una ves herido de gravedad la gente festejo con aplausos y abrazos y tomando un buen vino pero mientras el daba su ultimo suspiro yo sufría un infarto en la ambulancia antes de llegar a hospital y simplemente me acorde de mi valiente amigo ares, dije mis ultimas palabras: pido disculpas por mis cobardes faenas y matar inocentes animales, dándole de comer al ego estupido del sadismo humano; y son ellos los que me matan con sus insultos, que no le permitirán vivir a dos valientes en el mundo.



Dándome un segundo infarto en los pasillos del hospital guayaquil se anunciaba mi muerte, la misma muerte se anunciaba de la plaza. El alguacilillo daba la orden para que se le de la puntilla final al toro, acabando con su triste agonía, dejando a un lado la opinión del experimentado Francisco que era de ofrecer el indulto a ese toro valiente y lleno de coraje, mientras el publico pedía la muerte del toro con palabras llenas de morbo y sadismo gritaban: arte y sangre es por lo que pagamos, y no por ver a un torero afeminado que deja vivir a su contrincante; oyendo esas palabras y viendo a la gente gritar con tal enojo, simplemente el alguacilillo da la orden para que un mozo de la puntilla, y así pueda acabar con su inocente vida, así como ellos acabaron con la con la mía.


Leonardo Alvarado Z.